El Reflejo de Nuestra Infancia: Camino a Sanar

La gran confrontación que vivimos al renacer a padres es tomar consciencia sobre nosotros mismos, reconociendo de dónde venimos y hacía dónde pretendíamos ir. Situados por primera vez en el presente, somos capaces de visualizar una suerte de linea de tiempo artificial en la que transitábamos, construida por la necesidad de sobrevivir y sobreadaptarnos, sostenida por nuestro ego y nutrida por la idea de control y las expectativas.

Contemplamos libres del velo la interpretación que manejábamos -hasta este momento de consciencia- sobre la persona que eramos y nuestro proyecto vital.

Revisamos nuestro pasado: nuestras creencias, prioridades, contratos personales y familiares, los juicios que espetábamos a nuestro entorno, las heridas que aún no se cicatrizan, la lista de pendientes con nosotros mismos, el descuido del propio bienestar, las vivencias reales e imaginadas, las voces silenciadas, la autocensura, y tanto más. Luces y sombras emergen y nos invitan a conectar con nuestro auténtico Ser, dando un sentido a lo que nos pasó en el despertar del hoy.

Es por esto que muchos padres vivimos una gran transformación con la llegada de nuestros hijos, pues se produce una fractura con la idea que teníamos de nosotros y la vida, comenzando un verdadero camino de sanación al ser capaces de acompañar a otro ser a desarrollarse y abrir las alas desde el amor incondicional.

niño interior

Sanar nuestro pasado desde la crianza consciente

Cada experiencia con nuestros hijos se abre como un aprendizaje, un reflejo de nuestro pasado, un cuestionamiento y reflexión, articulando un llamado a transmutar el dolor en amor. Pues al abrirnos a ellos desde una mirada cristalina y respetuosa, nos permitimos descubrir el mundo con ellos desde lo real, libre de las interpretaciones y convenciones sociales que nos atan en expectativas.

Somos capaces de transformar la manera en que nos vinculamos con los niños y entendemos la infancia, liberándonos del adultocentrismo e intolerancia, emergiendo una visión dónde la consciencia está en el amor incondicional y respeto absoluto al ser del otro -sin importar los años que tenga- permitiendo así no solo articular una crianza consciente, sino que a la vez vamos dándole voz a nuestro propio niño interior.

Ya adultos, medianamente resueltos y fuertes, podemos comenzar a revisar nuestras infancias para aportar calor y contención en los abismos de nuestras historias. Sin el afán de ejercer juicios contra nuestros padres, pues ellos independiente de los errores que pudieron haber cometido, nos han regalado la vida y nos otorgaron los cuidados que podían ofrecer con las herramientas que disponían.

Por el contrario, esta búsqueda se orienta a sanar esas heridas para fortalecernos, para cerrar capítulos que nos mantienen atados a contratos que no nos pertenecen, que alimentan ideas falsas sobre nosotros mismos y que en definitiva no permiten emerger a nuestro auténtico ser en armonía.

Desde ahí, la invitación es a comenzar a abrir desde el amor los capítulos de nuestra historia con la consciencia puesta en que el adulto que hoy somos es capaz de enfrentar los dolores (que ya vivimos) y otorgarnos el sostén para sobreponernos, tal como lo hacemos con nuestros hijos, permitiéndonos acompañarnos a nosotros mismos a abrir nuestras alas.

María Lucía Lecaros Easton
Periodista, Licenciada en Comunicación Social
Postítulo en Género y Desarrollo
Asesora Experta en Acompañamiento a la
Maternidad Consciente y Crianza Respetuosa
Asesora de Lactancia EDULACTA
Doula y Terapeuta Holística

Una respuesta a “El Reflejo de Nuestra Infancia: Camino a Sanar”

  1. […] vez que tomamos consciencia de nuestros orígenes y nuestra historia, que somos capaces de mirarnos por primera vez reconociendo a quién somos […]

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